lunes, 13 de julio de 2009

OA

A veces la sencillez se vuelve confusa cuando un solo detalle transforma los hechos en abstracciones, cuando un solo momento convence a la vida. A veces quisiera ser menos complicado en las oraciones y ser tan simple que no quede lugar para las interrogantes, pero si todo fuera tan simple no estaría aquí, sometido a la pantalla procurando emociones en lenguaje binario.

No es suficiente decirte que tus ojos son hermosos, no es necesario tampoco reiterarlo, pero, si es necesario explicarlo: pocas veces me siento tan intoxicado por una mirada, pocas veces un instante se aferra tanto a la memoria; pocas veces es tan difícil soltar una fracción de segundo. Y es que, no es la forma de tus ojos, no es su impecable tono o la simetría de ellos. Es tu mirada que conduce en algoritmos ingenuos; es tu mirada que invade la sangre; es tu mirada que llega por sorpresa y va tan lejos.

Es como verse en espejos de inocencia, en sueños de palabras no escritas. Es poder mirar historias completas aun más fascinantes que magos o vampiros; es romper por un momento con la enajenación de las calles y poder perderse en la infinidad de una bella caída; es la calidez de su reflejo que se tatúa en el ambiente y en el futuro.

El vocabulario no contiene imaginarios posibles para seguir describiendo, tu mirada supera los textos y no encuentro mejor salida que vivir con su imagen impregnada por todos lados.

Arturo Lizarraga Osorio

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