Las manos me están sudando, el teléfono suena y el piano desafinado, alguien contesta y las manos comienzan a temblarme. Debo de concentrarme, tengo que lograrlo, mi aliento árido impulsa levemente mis dedos que en tono ansioso comienzan a tocar, por primera vez para alguien, comienzan a tocar. Las notas parecen fluir y tengo que estar concentrando para no equivocarme, no se si esta bien o si esta mal.
Si me viera tocar con los pies descalzos y todo desarreglado tal vez se rompería la magia, que importa, concéntrate, piensa en lo que estas tocando no dejes que decaigan los acordes.
Quisiera ser buen músico para componerle algo, espero que no le importe que no sea compositor. Si escuchara lo que he llegado ha componer tal vez se espantaría de tan horribles alaridos descompuestos.
Venga quedan los últimos compases, hazlo bien. ¿Habrá notado lo desafinado del piano? Mejor hubiera agarrado la guitarra, pero tiene las cuerdas viejas y soy peor guitarrista que pianista, ¿como se me fue a ocurrir? soy un desastre, solo a mi se me ocurre hacer esto vía telefónica.
Ya terminaste. Mis manos ya no tiemblan, pero el corazón quiere escaparse por mis ojos, los oídos me estallan, la sangre corre a todo galope por mis venas y mis piernas son un trapo.
Mi oído pegado al teléfono para oírla decir:…
Arturo Lizarraga Osorio
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