lunes, 21 de diciembre de 2009

Para OLI

En el silencio del camino
entre trenes y camiones,
la soledad de la ciudad
es tu recuerdo permanente,
me conglomero de tu sonrisa
de la franqueza de tu charla
de la fuerza de tu mirada.

Entre la indiferencia de tantos extraños,
eres tu la idea común
en un recuadro de cristal y edificios,
y te imagino amarrada a mi cuerpo
contemplando la totalidad de nosotros
después de amarnos.

En las paredes de los transbordes,
en la oscuridad de las avenidas,
en el metalizado sonido de una cumbia entre neumáticos,
en los andenes,
en el trayecto;
mi anhelo es tu cuerpo
y tus labios
y tus brazos
y tus palabras
y tus bromas
y toda tu comprendida
en nuestros momentos comunes.

En la misantropía de los transportes
solo eres tu sujetando mi sonrisa
entre una ciudad extraña
soportada en sueños e ilusiones.

Arturo Lizarraga Osorio

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Amor en las rocas

Amor en las rocas,
Oscuridad de deseo
Entre fugas de magenta.

Permutación
De besos por abrazos,
De abrazos por besos,
Derretidos
En una epidermis
Pulverizada de otoño
Y humedades.

El contorno de una luz lejana
Acompañada con la ciudad distante
En cuerpos simbióticos.

Amor en las rocas,
Música ligera,
Pasiones de alta definición
Concentradas en rincones
Y procuración.

Sudor sumiso
Entre la piel
Y el amor sostenido
En tendidos íntimos.

Amor en las rocas,
Sorbos de tus labios
Recogiendo mi alma.

Arturo Lizarraga Osorio

martes, 1 de diciembre de 2009

Sonidos de urbe
en guitarras metalizadas,
acordes de sobredosis
y asientos repartidos.

Fuerza en cada centímetro,
el doble bombo se corroe
por las pulgadas penumbrosas
de una habitación solitaria.

Y la vieja costumbre
en una botella color ámbar
se aficiona a la nostalgia
de este cuarto prendido de Metal.

Notas de conciencia
ascienden
y descienden
sucedidas una después de otra
en una celestial conjunción
de composiciones infernales.

Blog Aislado
entre los tonos altos
de una voz descompuesta en el esfuerzo
y la energía,
las cuerdas se compensan
en arpegios a velocidades armoniosas
y la armonía es un estruendo sinfónico
que se encarna en el intelecto acogido de cerveza.

Ángeles en adoración satánica,
vaqueros del infierno,
arco iris en la oscuridad,
perros negros,
ases de espadas
y una paz que se vende
entre una adolescencia cociente en mi piel.

Sonidos de urbe
en guitarras proféticas,
golpe seco al cerebro,
la noche se aproxima
entre oberturas de virtuosismo
y redobles de rock.


Arturo Lizarraga Osorio