viernes, 25 de septiembre de 2009

Sin Titulo 2009

Muerte constante
En la respiración confundida
Un aliento deforme
Que no encuentra dirección.

Las replicas caen
Unas tras otras
Consientes de un milagro
Inexistente.

No importan las profecias
Ni los recuardos inhalambricos
En el fondo de la oscuridad.

El Día
Es un pesado suplicio
En la construcción
De las ideas.

Ya no hay lágrimas
Ahí
Ya no hay lágrimas
por ninguna parte.

Muerte constante
En el móvil
En la oficina
En el metro
En el Alma.

Arturo Lizarraga Osorio