Escribo desde antes del reposo, un poco antes de esa hora del día en que se cuentan los segundos y se clausuran las actividades, ese momento en que ya nada importa y montados en un f1 esperamos que las luces se apaguen sin carro de seguridad de por medio para arrancar en tercera, forzando el motor.
Escribo desde el aburrimiento, con un loco que sube con sus llaves todos los días, un adulto mayor que con llaveros en mano busca encontrar en la infinidad de posibilidades, la coincidencia de una llave con una chapa.
Su actividad desesperante, me ha llevado a formular una estrategia matemática en donde de acuerdo a “x” que es el número de llaves en un llavero, multiplicado por “y” que es igual al número de llaveros, propensionado en “z” que es el total de chapas que existen en todo el edificio más “w” que es el total de horas de trabajo al día, entonces obtenemos “c” que es el total de tiempo que se tardará en encontrar la correspondencia inequívoca de todas las llaves. A esta función la he denominado f(b) que de acuerdo a mi estrategia, si conjugo las diferentes integrales de f(b) en una Matriz múltiple de canales binomiales, podremos graficar que el señor se tardará en su juego de llaves aproximadamente unos 102años, 3meses, 17días, 9horas, 46minutos y 58segundos (cabe aclarar que a estos cálculos ya se les anexaron la casualidad y la fortuna).
Quiero imaginar que al pobre señor se le contrató desde joven y que por lo tanto su labor ya se reduce a los últimos llaveros y a las últimas cerraduras disponibles. Porque si no, su tarea se quedará inconclusa y entonces todas las llaves se quedarán sin una asignación adecuada al cerrojo que corresponden, lo cual, me conduce a una pregunta aun mayor, ¿qué pasa sí una llave no cuenta con un cerrojo o sí un cerrojo no cuenta con una llave? ¿qué puede entrar o salir de un cajón sin una cerradura asegurada? ¿cómo será la vida de una puerta insegura? Vamos, son preguntas que deben de tener una relevancia mayor como para que en una empresa se cree una plaza especializada a la búsqueda de corresponsabilidad de las llaves.
Ya sé, a todos, hasta este punto, se les hace de una irrelevancia y una estupidez mayúscula estas palabras. Y tienen toda la razón de no ser por la explicación real de la búsqueda del señor y su obsesión con las llaves. Podría ser un absurdo que no llamaran al cerrajero y que cambiaran todas las chapas para que pudiesen tener el orden de todas las llaves, bueno, cambiar los cerrojos por seguros de biometría y olvidarnos de las llaves…
Pero ¿qué coños?, de tanto ver al viejillo con sus llaveros la palabra llave se esta apoderando de mi vocabulario, por lo que pido a todos ustedes la más honesta de las disculpas.
Vamos, pues, a explicar la lógica de este juego que me esta sustrayendo la paciencia. Todo comenzó hace 20 años, el edificio ya lucia viejo y era necesaria una remodelación. Se mando llamar a uno de esos arquitectos cuya conformación de estética se limita a una caja de cereal y cuyo máximo logro ha sido acomodar en una sola hilera 5 legos consecutivos. Pero bueno, el costo era un renglón importantísimo y como era de esperarse un virtuoso con las credenciales antes mencionadas resulto ser la mejor opción. Así pues, se hicieron los preparativos para dicha encomienda, se vaciaron las gavetas, se limpiaron los closets, sacaron los muebles y archivaron los documentos, todo el proceso previo a que llegaran los camiones con la graba y el cemento.
La labor no fue complicada del todo, pero una caja fuerte no pudo ser extraída del edificio; en un afán de seguridad el dueño del inmueble mando soldar la caja a la estructura que soportaba la construcción completa. Así que ese armatroste debía de ser dejado en el interior y debería de correr con el riesgo de que el ilustre arquitecto corrigiera su ubicación o su extracción entera. El propietario del edificio, un viejo que a demás de avaro era un tanto idiota, decidió sacar todos sus valores y solo dejar su testamento en el interior, al considerar que no debería de darle mayor importancia a dicho documento ya que en caso de que se perdiera siempre podría ir al notario a tramitar una copia.
La remodelación inició puntual y con el tiempo se fue haciendo un caos, cristales eran más grandes o más pequeños que el marco de las ventanas, los retretes estaban lejos de los ductos de agua, la energía eléctrica era un tejido grotesco y si aliento, las puertas daban a paredes y las paredes atravesaban cuartos sin lógica aparente. El poder de distribución, de continuidad a los planos se desvaneció con el proseguir de los días, hasta que un día quedo terminado este prodigio de abigarrados. Fue así como el arquitecto le dio las llaves al dueño de todo el edificio, en una bolsa de plástico, olvidándose de señalar o de indicar a que puerta o a que cerrojo correspondía cada llave. Sin embargo, y para efectos prácticos, se localizaron las llaves de las puertas principales y se colocaron el restante de las llaves en un bowl de cristal sobre el escritorio del dueño.
Entre todo este caldo de cobre, se fue como un sazonador más la llave de la puerta detrás de la cual se coloco la caja fuerte y su único documento dentro de ella. Todos los días el Dueño sintió la inquietud de mandar abrir esa puerta, de ver si seguía ahí su caja fuerte o si todo fue una mala broma del arquitecto o a lo mejor una equivocación del seguimiento de los planos. Pero, entre los estados de resultados, los cheques de la nómina o el mantenimiento de la red, los días pasaron y las intensiones se quedaron poco a poco en una buena voluntad diluida entre las horas.
Entre sus múltiples propiedades el Dueño del edificio, tenía un hijo que hacia tiempo había dejado de ser un activo, para trasformarse en un pasivo que ya se depreciaba en números rojos. Adicto a la buena vida, pero no al buen trabajo, conocido en todos los sitios chic de la ciudad y parte del extranjero, nunca atado a una sola mujer, sino un imberbe amante del hedonismos y del masoquismos. Alguien que a sus 49 años seguía esperando la iluminación del ser para llegar a prodigarse en un camino que todavía no tenía, de no ser por cada semana aparecerse en la oficina de su padre a pedir su mesada para proseguir con su incansable juerga. Uno de esos días en los que le apremiaba el efectivo, se presento en la oficina del Dueño del edificio y cual fiera costumbre le pidió un módico préstamo que eventualmente le pagaría al igual que todos los anteriores.
- ¿Qué paso?
- Nada…
- ¿Entonces a que se debe tu visita?
- Pues ya vez…
- Pues si ya veo, ¿Y…?
- Pues préstame una feria, ¿No?
- ¿Préstame? Cabrón… y ¿cuándo me vas a pagar?
- Pues luego…
- Pues luego te presto…
- Ya no mames, préstame una lana…
- No…
- ¿No?
- ¡No!
- Chinga… Préstame… ¡me urge!
- ¡No!
- ¡YA…! ¡Que me prestes puta madre…!
- ¡No! Y no es no. Se acabo, nunca más.
- Ahora la culpa es mía, ¿qué no vez que yo soy el espejo de tu fracaso como padre?
- Mejor vete.
- La…
- ¿Qué pasó mnita?, Cuenta, cuenta, ¿Por qué esta la ventana rota de la oficina del Dueño?
- Hay no manches para inche susto que nos sacaron.
- Pues ¡¿qué pasó?!
- Nada, ya sabes… que llega el hijo, para ya sabes… como todas las semanas… y que empiezo a escuchar gritos, pero acá… y pues yo que me pongo acá bien oreja… pero por más que le hacia no escuchaba…
- Y ¿luego…?
- Pos dice el poli de allá abajo que nada más vio salir volando el tazón de las llaves y pues que nada más vio un montón de cristalitos…
- Aguas mnita, aguas… ahí viene el Dueño…
- Hasta mañana Señor…
- Hasta mañana Señoritas…
- Hay no manches mnita, si se ve re-enojado.
Naucalpan de Juárez, Estado de México a 28 de Marzo de 1986
Siendo hoy día viernes 28 de Marzo del año de 1986, doy fe de que a las 19 horas falleció el Señor Uriel Mendieta Buendía en la calle de Carlos Arruza producto de un incidente vial. De acuerdo a los hechos, el occiso cruzaba la calle, cuando un vehiculo Dodge Dart K modelo 1982 color negro conducido por el Señor Josué Bernal Norberto, arroyó al individuo…
Con la muerte del Dueño del edificio, los problemas se vinieron de frente, familia de la que no se tenía conocimiento apareció, un hijo bastardo se hizo presente y el pleito por las propiedades y los bienes del difunto comenzaron, el hijo legítimo actuó con prontitud recordando que el testamento se encontraba en la caja fuerte del edificio, por lo cual, su primer instinto fue recobrar las llaves del platón que había arrojado unos días antes y hacerlas desaparecer, después quemo los planos de construcción y declaro que el Dueño había muerto intestado. Su medio hermano, peleó lo contrario y aseguro que el Dueño lo había incluido en el testamento que él así se lo había hecho saber.
El pleito fue largo en los juzgados, Abogados, Jueces, citatorios, el argumento de uno contra el otro, el notario que certifico el testamento fue sobornado por el hijo legítimo y en su perpetua avaricia también certifico la inexistencia de dicho documento, al final, se declaro que al ser el hijo legítimo el único reconocido legalmente por el Dueño, este era el heredero de los bienes del Dueño.
El hijo legítimo tomo posesión del predio y de la compañía que ahí operaba, lo primero que hizo, fue mandar llamar al arquitecto de un inicio para tapear la puerta que daba acceso a la caja fuerte con un muro de concreto y así sellar de una vez por todas cualquier rastro del testamento.
Muchos aseguran que en esos días el carácter del hijo legitimo era muy amable, todos los días reía incubierto por el logro de su fraude y de su mentira. Nunca un grito, nunca una pose, nunca un regaño ,a nadie. La empresa fluía por la inercia heredada y los resultados se daban sin pormenores.
Al pasar un año de la resolución final de los juzgados, algo que sorprendió a todos comenzó a manifestarse en el edificio, de pronto aparecieron llaves sobre los escritorios, llaves llenas de lodo, de vergüenza y de enojo. Estas llaves fueron recolectadas y se volvieron a desaparecer bajo las misma circunstancias por las que habían desaparecido la ocasión anterior. Sin embargo, las llaves volvieron a aparecer, ahora mojadas hasta la cloaca más inmunda. Y una vez más volvieron a ser recolectadas y volvieron a desaparecer, y una vez más aparecieron.
Se fueron los meses en este misterioso juego de esconder y aparecer, cuando un día se vio a un nuevo conserje en el edifico, nadie supo del momento de su contratación, nadie podía ver bien su rostro bajo la visera de la gorra y no hablaba con nadie, pero al poco tiempo, se le vio jugando con las llaves, se le vio probando coincidencias entre chapas y llaves. Al enterarse de esto, el hijo legítimo le mando llamar, cuando estuvo frente a él se despojo de la gorra y el rostro era el rostro del Dueño y antes de poder reaccionar un gruñido de diablo presidio la trasformación de las facciones y entre un vuelo y un susto se desvaneció frente a los ojos de su hijo legítimo.
Al otro día, se vio de nuevo al conserje entrar por la puerta principal como cualquier otro empleado, mientras que el hijo legítimo pegaba de gritos e insultaba a cualquiera que se pusiera por delante.
Se cambiaron los protocolos de entrada, hasta llegar a la biometría para asegurar que nadie que no perteneciera al personal de la empresa ingresara al interior. Pero al llegar el conserje ponía el dedo y las puertas se habría. Nada a podido impedir el ingreso del conserje.
En un intento desesperado, el hijo legítimo mando contratar a su medio hermano y le dio un puesto y un cubículo en un rincón escondido. El carácter del hijo legítimo cada día es peor y todos los días se ve al mismo viejito buscar una por una la concordancia de cada una de las llaves.
Algunos aseguran que busca el testamento, otros dicen que solamente quiere atormentar a su hijo, preocupándolo con su presencia y que su búsqueda terminara con la renuncia o la muerte del hijo legítimo.
Yo por mientras, re-estructuro mi formula y anexo nuevas variables que como lógica me lleva a la conclusión de que el limite de f(x) es igual a la posibilidad de fallecimiento del hijo legítimo y que la cuádruple integral de f(x) respecto a b es el tiempo descompuesto a infinito. En donde la búsqueda y el castigo no cobrarán resultados a corto plazo.
Arturo Lizárraga Osorio