Sonidos de urbe
en guitarras metalizadas,
acordes de sobredosis
y asientos repartidos.
Fuerza en cada centímetro,
el doble bombo se corroe
por las pulgadas penumbrosas
de una habitación solitaria.
Y la vieja costumbre
en una botella color ámbar
se aficiona a la nostalgia
de este cuarto prendido de Metal.
Notas de conciencia
ascienden
y descienden
sucedidas una después de otra
en una celestial conjunción
de composiciones infernales.
Blog Aislado
entre los tonos altos
de una voz descompuesta en el esfuerzo
y la energía,
las cuerdas se compensan
en arpegios a velocidades armoniosas
y la armonía es un estruendo sinfónico
que se encarna en el intelecto acogido de cerveza.
Ángeles en adoración satánica,
vaqueros del infierno,
arco iris en la oscuridad,
perros negros,
ases de espadas
y una paz que se vende
entre una adolescencia cociente en mi piel.
Sonidos de urbe
en guitarras proféticas,
golpe seco al cerebro,
la noche se aproxima
entre oberturas de virtuosismo
y redobles de rock.
Arturo Lizarraga Osorio
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