En el silencio del camino
entre trenes y camiones,
la soledad de la ciudad
es tu recuerdo permanente,
me conglomero de tu sonrisa
de la franqueza de tu charla
de la fuerza de tu mirada.
Entre la indiferencia de tantos extraños,
eres tu la idea común
en un recuadro de cristal y edificios,
y te imagino amarrada a mi cuerpo
contemplando la totalidad de nosotros
después de amarnos.
En las paredes de los transbordes,
en la oscuridad de las avenidas,
en el metalizado sonido de una cumbia entre neumáticos,
en los andenes,
en el trayecto;
mi anhelo es tu cuerpo
y tus labios
y tus brazos
y tus palabras
y tus bromas
y toda tu comprendida
en nuestros momentos comunes.
En la misantropía de los transportes
solo eres tu sujetando mi sonrisa
entre una ciudad extraña
soportada en sueños e ilusiones.
Arturo Lizarraga Osorio
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