Un amigo me ha recomendado que sea breve en el blog así es que seguiré su consejo y no les tomare mucho de su tiempo.
Siempre he imaginado que tomar el metro subterráneo es como viajar en un hoyo de gusano y me ha remitido a secuencias de ciencia ficción dignas de “2010 Odisea del Espacio” o de “Blade Runner”, tal vez sea porque la imaginación se condiciona con la memoria fílmica que uno tenga, no lo sé, pero, sin lugar a dudas, el metro siempre ha despertado mi necesidad de imaginar. Y es que uno no puede abstraerse al conglomerado de extraños con los que se convive por ese breve espacio de tiempo.
No tengo la menor duda de que si George Lucas hubiera viajado en el Metro del Distrito Federal, la cantidad de entes extraterrestres en la saga de Star Wars hubiera sido mas rica, porque uno no puede aburrirse entre vagoneros con sus cantaletas perfectamente entonadas, mendigos, faquires y ocurrentes que usan el metro de hotel, de cajero automático o de baño.
Nadie puede dejar de sentirse seducido ante la señora que amanta a su crío, la que se depila el bigote utilizando la ventanilla como espejo o el que hurga sus fosas nasales para dejar un trazo simplista y abstracto embarrado en el pasa manos. No cabe duda que viajar en el Metro es la estimulación máxima que alguien puede dar a su intelecto.
Así que si no tienen a que sacar su automóvil, por favor usen el Metro y déjense intoxicar por sus múltiples matices.
Arturo Lizarraga Osorio
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