jueves, 14 de julio de 2011

Eno Tsal

Sorprendidos, alumbrados por la alfombra, resplandecen: El frente a ella, ella frente a El. Noche de inocencia cubierta en deseo, los sonidos son la música de su piel y de sus labios.

Sus manos vertiginosas, buscándose, reconociéndose, prodigándose. El tiempo pasa detenido y cada uno se estampa en el otro, tatuando el aroma de aliento mutuo. La necesidad es la cúspide de mares ebullecientes dibujando el futuro.

El la calca con sus palabras, ella lo levanta entre su tacto, lo dos dejan el mundo para crearse uno propio, apartado, intimo, irrepetible. La noche es cómplice y las paredes son testigos, luna de amor escurriendo por sus cuerpos.

Condenados uno por el otro no dejaran ya de amarse...

Arturo Lizarraga Osorio

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