martes, 19 de julio de 2011

Banca en el camellón

Salio corriendo, su cuerpo le temblaban y el hedor a madrugada no lo disimulaba, busco en los bolsillos del saco el último cigarro de la cajetilla y prosiguió por todas las avenidas. Por fin se detuvo, una banca en el camellón parecía el lugar indicado para fumar y tomar un respiro.

?Cómo había sucedido aquello? ?Qué había pasado? La noche era casi día y él no encontraba explicación a tanto caos y a tanta furia.

Un incidente de antro y el no pudo controlarlo, postulo su paciencia en el momento en que vio a sus amigos alborotados, fue con la firme convicción de separarlos de tranquilizar las cosas, de pronto sintió el cristal estallarle en la cabeza, vio su sangre goteando en el suelo, no se espero ni se miro las ropas, volteo con los puños cerrados surcando un aire pesado de bar a media juerga... Ritmos de violencia, baile entre golpes y botellas volando, todo objeto era un arma.

Cayó, su posición no fue limitante para seguir repartiendo el enojo contenido contra el mundo. Escuchó la voz de su novia gritándole a lo lejos, las suplicas de los imparciales, las amenazas de los de seguridad, nada parecía detenerlo. De pronto, una mano pequeña pretendió sujetarlo de la camisa, por los anillos y su tamaño podía suponer que era Rita queriendo levantarlo. "Ha parar" pensaba, "por ella, si la amas, para", pero sus brazos habían cobrado voluntad propia, se impulsaban con desesperada rabia sobre todo frente a ellos.

Varios sonidos secos, los gritos aumentaron, explosiones enjundiosas, olor a pólvora y Rita yace a su costado, los ojos de susto plasmados en el último suspiro mientras se desvanecía. Ella a su lado, sin aliento y sin palabras. Un nuevo disparo. Él se incorpora... Salio corriendo... Una banca en el camellón parecía el lugar indicado para fumar y tomar un respiro.

Arturo Lizarraga Osorio

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