viernes, 9 de octubre de 2009

El Solista

En la universidad tuve la fortuna de tener buenos y malos maestros, pero sin duda, no se me olvidaran las clases con Memo Arriaga, no sólo por lo que ha logrado hacer como escritor, sino por su forma simple y sencilla de ver y hacer las cosas, una de sus grandes lecciones fue enseñarnos a ver cine y una de sus principales premisas era que la buenas películas no son aquellas en donde salimos fascinados por los efectos especiales, ni por su diseño de audio, ni por su ritmo de edición, ni por ningún otro tecnicismo. Las buenas películas son aquellas en donde no se nota ninguna de estas nociones. Es decir las buenas películas no brillan por sus despliegues técnicos, sino por su conjunción y equilibrio de todos y cada uno de ellos, llenándonos y brindándonos el confort de una buena historia que se nos queda en los ojos, en los oídos, pero sobre todo en la memoria.

El miércoles pasado, tuve la fortuna de ver El Solista, había escuchado comentarios favorables respecto a esta producción y si he de ser sincero, no la fui a ver ni por los comentarios ni recomendaciones, no me interesaron los pedazos de actores que soportaban esta película, la fui a ver, porque vi que narraba la historia de un músico y como buen músico frustrado, me llamaba la atencion introducirme en la vida de uno de ellos.

Con tintes de cine independiente, la película transcurre en un drama sencillo y alejado de pretensiones, las actuaciones de Downey y de Foxx son destacadas sin llegar a opacar el conjunto de la obra, dándole a su trabajo el toque adecuado de credibilidad fundamental para el desarrollo de la trama. El despliegue técnico es indicado, dejando de lado errores comunes de edición, audio, iluminación, continuidad, etc...; pero sobre todo se aleja de soberbia visual e intelectual que a la larga solo logran confundir al espectador.

La historia basada en hechos reales, nos lleva al reconocimiento del otro y al entendimiento del prójimo, mediante una anécdota sencilla que es perfectamente entendible y que se aleja de los clichés del cine hollywoodense, dando como resultado una película llena de humanidad y de humanismo, apta para toda la familia y que puede ser apreciada desde diferentes ángulos semióticos.

Si no tienen nada que hacer en estos días, los invito que la busquen en las carteleras y vayan a disfrutar de una buena película que les aseguro les dejara mucho en que pensar y un muy buen sabor de boca.

Arturo Lizarraga Osorio

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